domingo, 16 de octubre de 2011

4ª Etapa: Logroño-Santo Domingo de la Calzada

Bitácora del Jueves 22 de septiembre de 2011

Recorrido: Logroño-Santo Domingo de la Calzada
Kilómetros: 54.300 (2 kms y pico más de lo previsto)
Tiempo dando pedales: 5 horas y 11 minutos

En los albergues uno pierde toda vergüenza. Para empezar se me olvidó sacar la ropa de dormir (un pantalón corto y una camiseta) y nos quedamos con la de "piscina", en ropa interior vamos; la gente no se corta y se cambia de ropa allí mismo; si uno tiene gases... ¡en fin!

No hemos pasado buena noche, despertándonos varias veces. Yo el mayor miedo que tenía era caerme ¡con lo que yo me muevo!, pero lo peor ha sido al despertar y caer en la cuenta que dos tazas de váter para 36 personas iba a ser un verdadero problema ¡y lo ha sido! Te estás lavando los dientes y si ves que queda libre ¡zas! ¡te metes con la boca llena de pasta! y mientras estás dentro sabes que hay cuatro desconocidos lavándose los dientes... Y no hablemos de los retortijones en la espera...
Volvemos a ser de los últimos en salir del albergue, las alforjas nos traen de cabeza. Y luego, fuera, tardamos otro ratito en apañar a las gorditas.

Nos hemos ido a desayunar y hoy parecía que íbamos a empezar a dar pedales antes, pero salir de Logroño ha sido difícil y hemos tenido que caminar bastante, con lo cual, al final.... ¡tardísimo otra vez! 
Hemos empezado a ir mejor una vez enganchado el carril bici, que te lleva hasta el parque de la Grajera.
Es éste un parque enorme, cuyo alto está junto a una laguna. Las vistas son estupendas. Hay una zona de pinar con mesas y sillas, y allí mismo se te acercan las ardillas, muy listas ellas, acostumbradas a que les echen algo de comida. Pasé un rato fotografiandola, y luego continuamos hacia Navarrete, que está muy cerquita.
En el Alto de la Grajera


Aunque casi no se aprecia ¡ahí está la ardilla! 
Vides y más vides. Me he acordado mucho de mis amigos Joseph y Elvireta, porque ellos estarán ahora liados con sus viñas. Un besazo desde aquí para ellos.
Y a ellos van dedicadas las siguientes fotos: a Joseph y Elvireta, con mucho cariño

Al fondo, Logroño.

En plena faena
Navarrete es precioso, pero... 1º hay que subir un cuestón para llegar al pueblo; 2º una calle en obras nos ha hecho bajar de la bici y andar con las incómodas zapas entre ellas; 3º para subir a la iglesia, no sólo el cuestón, si no que además el suelo es resbaladizo y vernos subir ha debido ser todo un espectáculo: con una mano agarrados a un pasamanos, con la otra tirando de la gordita, mientras nuestros pies bailaban intentando que no fuésemos al suelo.
De camino a Navarrete... ¡el Toro, el vigilante del camino!


De obras en Navarrete

Iglesia de la Asunción del siglo XVI, en Navarrete

En frente de la Iglesia

Cementerio de Navarrete, con portada románica del siglo XIII y elementos góticos.
Hago un inciso aquí para comentaros algo: Carlos dice que le doy mucha caña a Juanjo Alonso, el autor del libro que nos ha servido de guía, y para que veáis que no soy yo sola: nos encontramos con el chico del Alto del Perdón, que debió quedarse un día en Logroño, porque él ese día -el del Perdón- ya iba hasta Logroño y por tanto nos sacaba un día. Bueno, el caso es que nos comenta que quiere llegar a Burgos, pero que no sabe si es mucho (yo tenía los ojos como platos: 110 kilómetros dos altos incluidos... ¿mucho?... "¡muchisísimo!" -pensaba yo), etc, etc. Cuando Carlos saca el libro nuestro nos dice, sonriendo "ah, no! Creo que ese libro es el que llevamos todos. Yo lo he empaquetado con un montón de cosas más y lo he enviado a mi casa con una agencia de transportes, porque lo único que hacía era pesarme...". 
A su favor diré que sí me gusta cuando habla de la historia de los lugares y del efecto que éstos le producen, (aunque a veces se pierda en la retórica).


Después los caminos de tierra hasta el Alto de San Antón son buenos, pero de vez en cuando te encuentras con tramos arcillosos bastante largos, cuyos surcos creados a mí me hacen polvo (ya sabéis el culo no, lo otro...). Luego es bajada hasta Nájera, donde decidimos comer. Esta vez un menú del peregrino: macarrones con tomate de primero y lomo de cerdo a la plancha de segundo.
Más viñas al salir de Navarrete
Por las Calles peatonales de Nájera

Me gustan sus balcones

En la C/ Constantino Garrán, al lado del Monasterio de Santa María la Real


Y a partir de aquí empieza un calvario para mí, pues los baches del camino, las piedras, los tramos arcillosos, y las cuestecillas se incrementan y no puedo continuar todo el rato en el sillín, pues todo lo escocido roza lo insufrible.
rompiendo el paisaje, el árbol


Los surcos me matan


Me pasa una pareja, bicigrina también: "¿qué tal vas?" -se interesa el chico por mi. "intentando no matarme" -le respondo sonriendo, a lo que ambos me desean "Buen Camino". También charlan un rato con Carlos, que va un poco más adelantado, son de Lérida y ellos han empezado el camino desde su ciudad, Agramunt.


Se alejan. Otro repechito. Más piedras. Más arcilla. El coco me empieza a ir a su bola: ¿dónde está ese buen rollito alberguero? ¿cómo es que yo no puedo hacer la colada? ¿dónde están las siestas bajo una encina sobre la esterilla? ¿dónde está el tiempo, los ordenadores o la velocidad de Internet para actualizar nuestro blog?..., de que hablaban esa pareja de bicigrinos de "pedalean dos" que hemos leído ¿eh? ¿dónde?; y ¿por qué me duele tanto la ingle, y me escuece hasta orinar?... empiezo a pensar que soy la mujer más inútil del mundo (o, al menos, del Camino)... 
A todo esto me empieza a faltar el aire, mientras el camino sigue sube que te sube, ligeramente, pero subiendo. Me pongo nerviosa. Ya no me entra aire ninguno. Le hago una seña a Carlos que ha mirado, preocupado, hacia atrás. Me bajo de la bici. Llega Carlos asustado, cuando me ve llorando y medio asfixiá.
Nos sentamos como en una especie de banco de piedra, le cuento mis penas, me tranquilizo, ya tengo aire. Esperamos un rato. Continuamos.


Al poco llegamos a Cirueña y, cuando Carlos me dice que aún quedan 6 kilómetros, me desmorono otra vez. Carlos intenta darme ánimos, pero yo no necesito ánimos, necesito desahogarme, así que grito todo lo que me rondaba por la cabeza de nuevo y le suelto "ahora sí que tiro la bici" -Carlos ahora se ríe imitando mi forma de "tirar" la bici, que no fue otra que posarla, con mucho cuidado, ajajajajajaja, en el suelo. 
Carlos me propone en su lógica y más que justificada preocupación volvernos a Madrid y yo le miro como si se hubiera vuelto loco "¿Ahora me voy a volver? ¿después de lo que llevo sufrido?... Por mis cojones que yo llego a Santiago" -le digo. 
Ante la propuesta de quedarnos en Cirueña, la respuesta vuelve a ser "no", en Cirueña no hay nada... no sé cómo llamarlo... interesante.


Continuamos. En lo que sí nos hemos puesto totalmente de acuerdo es en dormir en hostales, se acabaron los albergues. Parece que ésto sí me tranquiliza totalmente y los 6 kilómetros se hacen más llevaderos.


Lo primero en que nos hemos fijado a la entrada a Santo Domingo de la Calzada es en los cargamentos de patatas que portaban los camiones y de los almacenes de las mismas que también están a la entrada. Ya os podéis imaginar en lo primero que hemos pensado: ¡unas patatas a la riojana!


Según entramos al casco antiguo, en la calle mayor, ¿qué vemos? pues unas letras grandotas que dicen "Hotel el Corregidor". Yo apoyada la cabeza en el manillar, mientras Carlos pasa a preguntar si tienen habitación y cuánto cuesta, claro. 60 € habitación + 6 € por guardar las gorditas + 7 desayuno por barba. "Vale, está bien". Resulta ser un hotelazo, donde la recepcionista, que nos trata con mucho cariño, nos explica un poco qué ver y, lo que más me urgía a mi, dónde lavar la ropa.
Son casi las siete de la tarde cuando hacemos posesión de la habitación y mientras nos duchamos y preparamos la ropa que vamos a lavar, etc, etc... transcurre una hora más. 
En frente del hotel, la Casa del Santo: albergue de peregrinos, en la Calle Mayor. Un cartel colgaba de la puerta y decía: "Lleno/Full"
a la izquierda la lavandería, en esta plaza en frente del Albergue cisterciense Ntra Sra de la Asunción

Misma plaza desde el otro lado, un par de horas más tarde
En la lavandería nos encontramos de nuevo con la pareja de Lérida y tras una breve charla y dejar dando vueltas la colada, nos despedimos y decidimos hacer tiempo tomando una cervecita.  No nos alejamos mucho y en la misma calle mayor nos sentamos en la terraza del Bar Piedra, donde nos ponen de aperitivo unas crujientes y sabrosas patatas fritas ¡si ya sabíamos nosotros!. 
En el Bar Piedra
Se acerca Carlos a ver de que consta "la Carta" y concluimos que iremos a cenar allí. Supongo que ya sabréis el qué, ajajajajaja. Sí, sí, las patatas a la riojana ¡claro!. Con chorizo y ese caldo espeso tan rico, que da las patatas cuando las cortas haciendo "crunch" con el cuchillo. Tengo que decir que la cena ha estado deliciosa y todo el servicio del bar atentos y muy amables con nosotros, aconsejándonos también sobre la etapa del día siguiente y lo más importante, el Alto de la Pedraja.
Nos enteramos también en este momento que tuvimos suerte de que hubiera habitación en el hotel, porque por la mañana estaba casi todo lleno (según una de las recepcionistas del hotel, que estaba en el bar).


Cuentan que aquí, en Santo Domingo de la Calzada, "cantó la gallina después de asada"
Este pueblo siempre estuvo ligado al Camino de Santiago desde sus orígenes en el siglo XI y a los  milagros de su Santo. Ocurriendo aquí uno de los milagros -hoy leyenda- más populares en toda la Europa Medieval a una familia alemana que peregrinaba a Santiago:
Después de que una moza mesonera se enamorara del hijo de esta familia y fuera rechazada por éste, y, contrariada y llena de rencor, simulara el robo de una copa de plata escondiéndola en su zurrón para incriminar le y fuera éste condenado y ahorcado... 
después de todo eso, cuando los entristecidos padres regresaban de Santiago de Compostela, descubrieron que su hijo seguía vivo en la horca, sostenido y protegido por Santo Domingo.
Y cuando fueron a contárselo al Corregidor, que en ese momento se disponía a comer un plato de pollo,  como era previsible, éste no creyó una palabra y dijo "Esta historia es tan verdadera como que este gallo y esta gallina van a levantarse de mi plato y ponerse a cantar". Y...
¡Así lo hicieron las aves!


Nos queda un poco de mal sabor de boca por no haber podido pasar en este pueblo algunas horas más y disfrutar más de él, de su hospitalidad, de su gente amable y campechana; de sus calles; de su Catedral; de su mercado... Así que anotamos en la Carpeta de "Cosas pendientes": Volver con más tranquilidad y desde luego repetir esas patatas, ajajajajaja.


Son casi las once de la noche y mañana nos espera otra dura jornada de 73 kilómetros: Santo Domingo de la Calzada-Burgos.


Fácil de adivinar es el pensamiento ganador del día que nos toca poner hoy: "Por mis cojones que llego a Santiago".
Y es por este pensamiento que queremos dedicar la etapa a toda persona que haya superado algún obstáculo en el Camino (y no nos referimos sólo al Camino de Santiago).


Un beso a todos!! uff, qué tarde...



lunes, 10 de octubre de 2011

3ª Etapa: Estella-Logroño

Bitácora del Miércoles 21 de septiembre de 2011

Recorrido: Estella-Logroño
Kilómetros: 50,800 (3 menos de los previstos, ¡iuju!)
Tiempo dando pedales: 4 horas y 10 minutos

Tras un desayuno contundente enfrente del hostal, hemos comenzado a pedalear a las 09:30, contentos de al menos librarnos de una cuesta, la de la carretera que pasa por el lado del puente, que subimos ayer tarde.
Otro puente de piedra que superamos parecido al de la Magdalena y al de Puente la Reina. Para mí éste de Estella, dadas las debilidades de ayer, significa mucho.


Encontrarnos, y superar un puente (sobre pasar éste por la carretera-cuestón fue estupendo después que creía no iba a llegar a Estella), produce siempre una satisfacción enorme. A parte del hecho de que los puentes me encantan, ahora podemos añadir el significado peregrino: Durante la Edad Media los puentes y los pasos de montaña eran los lugares preferidos por los bandoleros y salteadores de caminos para desvalijar a los viajeros. Superar cualquiera de ellos suponía un triunfo. Así pues, simbólicamente, cada puente que atravesamos (o vemos) significa que hemos superado una dificultad más. 


El saber que la etapa de hoy comenzaba subiendo no ha supuesto ningún alivio; el saber que la primera cuesta    daba con nuestros huesos en la Fuente del vino, sí.
Una hora después de salir estábamos en Irache, degustando su vino, regalo para el paladar del peregrino.
Las Bodegas Irache
 Que conste que hay dos grifos: uno a la derecha que pone "agua"; otro a la izquierda que pone "vino".


Carlos pensó que ya que estábamos en tierras de vino, mejor el de la izquierda

Va por vosotros!!!

Yo, por una vez, estuve de acuerdo y también llené del grifo de la izquierda

Salud!!! oh!, claro, en alemán... prost!! (después que leáis lo de abajo, lo entenderéis)
Allí hemos coincidido con varios bicigrinos, pero no ha habido brindis, ni comadrería, ni sentimiento de unión por una misma causa... ni siquiera un "buenos días" ¡toma ya! "¿y cómo puede ser eso?" -os preguntaréis. Pues lo explico: Hemos llegado y había una pareja, a la que hemos saludado, y que no nos ha devuelto el saludo; han llegado, por el mismo lado que hemos llegado nosotros, los cuatro bicigrinos que nos han adelantado varias veces, y a los que hemos adelantado, saludando nosotros siempre y... sin obtener respuesta; por el otro lado, que por lo visto también se puede acceder, han llegado otros 4 ó 5 bicigrinos, a los que... ya no hemos saludado y, por supuesto, no nos han dicho ni buenos días. En cambio, sí se han puesto a hablar con los otros 4, en alemán.
Es el momento de decir que la mayoría de los extranjeros, ya vayan a pie o en bici, nos están pareciendo de lo más maleducados. No hace falta saber idiomas, un "buenos días" o un "hola" se entiende en todos los idiomas, y a veces vale simplemente el gesto de "mover la cabeza" o "levantar la mano" -y que quede clara una cosa (y puedo decirlo como observadora que iba bastante por detrás de Carlos): cuando alguien que va bajando en bici quita una mano del manillar para saludarte, no está vacilando de la velocidad a la que baja, está arriesgándose por saludarte... queda dicho.


Nosotros a lo nuestro, copita, foto y a seguir dando pedales. "Entre Irache y Azqueta es mejor seguir por el asfalto... en Azqueta se abandona la carretera..." -dice el libro. Hacemos caso. Y, aunque al principio empezamos a jurar en hebreo pues no veíamos muy claro que fueran "los amplios espacios" en los caminos de que hablaba, y tras casi caerme en uno de los grandes surcos hecho en un tramo de tierra arcillosa que atravesamos, tras encontrarnos a los dos kilómetros con la fuente medieval de los Moros y descansar un poco, el camino comienza a ser mucho mejor.

No sé si se ven bien los surcos de la tierra

Fuente de los Moros del siglo XIII, a la entrada de Villamayor de Monjardín
 Uno va llegando y se pregunta qué pinta esto, ahí en medio
Carlos, que llega antes, aparca la bici y me espera con una sonrisa de oreja a oreja. Leo el cartelito de la pared: es el teléfono de un taxi, ajajajajaja ¡qué tentaciones!

  
Un pequeño descanso para, entre otras cosas, disfrutar del paisaje
En unas fichas prácticas de Juanjo Alonso, que también compramos, etapas para hacer el Camino a pie o en bici, vienen a ser un resumen del libro, pero algunos comentarios o explicaciones cambian un poco. En una de ellas leo con respecto a esta fuente del moro:   "... Dependiendo del punto de observación y el estado de sensibilidad emocional, puede parecer un sencillo manantial, un estanque con lavadero, una piscina cubierta, un singular monumento arquitectónico o el umbral de un mundo desconocido y ajeno a emociones terrenales que sugiere a simple vista."
 Me asomé...

Lo cierto es que dan ganas de bajar, sentarse en un escalón y quedarse un rato mirando al verde fondo, que inspira tranquilidad... pero estos peldaños están muy inclinados... ¡mira que si me caigo desde aquí en lugar de... ¡dejemos lo estar!

El paisaje es encantador, desde luego


A la sombra de estas pacas apiladas descansaban varios peregrinos.


Antes de llegar a los Arcos subidita al canto. "¿pincho y caña?" -le pregunto a Carlos con cara de cordero degollao "pincho y caña" -acepta, gustoso, Carlos. Y paramos en la plaza Santa María. Tras una breve charla con unos sres. mayores sentados en el banco de la Iglesia, y tras reponer fuerzas, continuamos.
Bonito pueblo, los Arcos

Iglesia Santa María

ésta, no necesita comentarios jeje
¡pim, pam, pim, pam!, hacia arriba, si-em-pre hacia arriba. "Bu-en Caminou", "good, very good" -me animó un bicigrino (no todos son maleducados, jeje) en un par de ocasiones (era el mismo). Y a él mismo encontré en la plaza de Viana, donde paramos a comer. Se acercó a mi y me estrechó la mano felicitándome de nuevo. Me emocionó el gesto y estuve charlando un ratito con él, resulta que venía en un grupo de bicigrinos, eran irlandeses y estaban pasando mucho calor.
Siempre me agrada ver olivos, éstos antes de llegar a Viana, último pueblo de Navarra

hermosas calles en este pueblo encantador


Fuente e Iglesia de Sta. María en la Plaza de Fueros
 En frente el Ayuntamiento

La comida: unos montaditos...
Y venga pa' Logroño que ya queda poco! 
Al poco, decimos adiós a Navarra
Y Hola a La Rioja
Al fondo, Logroño


Al llegar, justo antes de entrar, Felisa ha estampado un sello en nuestra credencial y hemos charlado un rato con ella, al querer yo comprar una calabaza chiquita que tenía colgada y que era ideal para llevar en la bici...
Nos ha recibido un puente y tras pasarlo nos hemos bajado de la bici, un poco aturullados por la vorágine de la ciudad que, además, está en fiestas. Es San Mateo. Un señor muy, muy amable, nos ha indicado y hasta confeccionado un plano de cómo llegar al albergue, en la plaza Martínez Flamarique (antigua plaza de toros, nos ha contado).
El Puente de piedra
El actual Puente de Piedra data de 1884, tras derrumbarse el antiguo en 1871, y es uno de los cuatro puentes que atraviesa el Ebro a su paso por Logroño. No es sólo un puente cualquiera, si no uno de los símbolos de la ciudad.


Al llegar, casi nos da algo, nos dan alojamiento en la parte de arriba de dos literas, porque el albergue está lleno (de hecho le quedaban únicamente 5 camas). Nos quedamos un buen rato allí, pasmaos, con nuestras alforjas en la mano, mirando cómo nos miran nuestros compañeros de literas, ya acoplados y sentados en sus camas con sus pies ocupando gran parte del pasillín... decidimos tirar las alforjas encima de la cama y esperamos, anonadados, sin saber dónde íbamos a colocar nuestras cosas.
Las nuestras son las dos de arriba de la izquierda
Una media hora después nuestros más cercanos compañeros de habitación (éstos eran 6 de un total de 36 que éramos en la habitación, oh, quiero decir, albergue), y es entonces cuando nos ubicamos, duchamos, etc (de hacer la colada, nada de nada, eh) y decidimos salir a tomar una cerveza a ver si se nos pasa la congoja.
En la misma Plaza Mtnez. Flamarique

Escribiendo el diario de este día, en el cuaderno ¡claro!. En el albergue hay wifi, pero no hay ordenadores. Y si los hubiera habido... ¡no sé yo si lo hubiera preferido a la cerveza! Estaba bastante cabreada y no habría publicado nada bueno en ese momento.
Unas cuantas birras y la cena (en el bar de al lado, que también -y tan bien- nos ha aconsejado el señor del mapa) hicieron que gran parte de ella desapareciera.  A las 21:30 volvemos al albergue para prepararnos para la noche y a las 22:00 entran como 5 peregrinos, bastante bebidos, de risas y cachondeo. Ni siquiera sacamos los tapones ¿para qué? a éstos la juerga no les dura mucho, y la fiesta de la calle se oye más.


La etapa prevista para mañana es de 52 kilómetros de Logroño a Santo Domingo de la Calzada. 


A las Doce de la noche cohetes y petardos, y nosotros intentando dormir... envidiosos de no estar fuera, ajajajajaja.


1º pensamiento del día: pues parece que, una vez superada la crisis, esto no va nada mal...
2º pensamiento, y ganador, del día: Salgamos del albergue, busquemos un hotelito y nos quedamos un par de días en Logroño.


Apuntamos en la agenda de "Cosas Pendientes": Volver a Logroño y visitar, entre otras cosas por supuesto, la calle Laurel, la que nos han dicho llaman "de los elefantes", porque sales trompa... (nos lo dijo el paisano "bebido" de Puente la Reina, el de los dos puertecillos)


Y como para fiestas y juergas no encontramos mejor compañía que nuestros amigos, queremos dedicar esta etapa a Manolo y Sonia, Goyo y Ana, Gerar y Marisa, Mara y Antonio... a ver si, ya que no nos juntamos en Salamanca, puede ser en Logroño.